martes 10 de noviembre de 2009

Hoy me han regalado dos cuentos:


En un reino encantado, había un estanque maravilloso. Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores. Hasta aquel estanque mágico y transparente se acercaron LA TRISTEZA y LA FURIA para bañarse en mutua compañía. Las dos se quitaron sus vestidos, y, desnudas, entraron en el estanque. La furia, que tenia prisa (como siempre le ocurre a la furia), urgida – sin saber por qué, - se bañó rápidamente y, mas rápidamente aún, salió del agua... Pero la furia es ciega, o por lo menos, no distingue claramente la realidad. Así que, desnuda y apurada, se puso al salir, el primer vestido que encontró..., y sucedió que aquel vestido no era el suyo, sino el de la tristeza... Y así, vestida de tristeza, la furia se fue. Muy calmada, muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y, sin ninguna prisa, o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo, con pereza y lentamente, salió del estanque. En la orilla se dio cuenta de que su ropa ya no estaba. Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta, es quedar al desnudo. Así que, se puso la única ropa que había junto al estanque: el vestido de la furia.

Cuentan que, desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada. Pero si nos damos tiempo para mirar bien, nos damos cuenta de que esa furia que vemos es solo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad, está escondida la tristeza.

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