Hola, mi niña:
Soy tu yo mayor. Te escribo para decirte que he aprendido mucho de ti. He aprendido a quererte conociéndote, aceptándote y ayudándote.
Eres un ser maravilloso, eres una hada, eres bonita por dentro y por fuera, aunque a veces te equivoques, te desanimes, te rindas y hasta te enfades. Equivocarse es muy humano, muy terrenal; desanimarse tiene que ver con sobrevivir. Pero por cada error acertamos seis veces, y de cada error sacamos una lección que nos hace centrarnos cada vez más, con más seguridad.
Mi niña, no tengas miedo. Eres fuerte e inteligente; solo escucha tus deseos y atiende a las señales. Eres una hada, haces magia, ya lo irás viendo.
Querida, hoy te amo infinito. Te amo por quien eres: un maravilloso ser de luz. Te adoro por cómo te desenvuelves, siempre tan ocurrente, tan genuina y, sobre todo, por encima de todo, te deseo una vida a la altura de tus sueños, de tus ideales, de tu bondad celestial.
Querida, pareces tan débil, se te ve tan vulnerable y, a la vez, tan bonita, tan alegre, tan llena de deseos. Te amo, mi niña.
Tu querida ser mayor,
Marga
