domingo, 20 de septiembre de 2026

Dai Dai


¿ Pienso, luego existo?

Una trabajadora me ha dicho, hoy, que mi silla me queda pequeña para lo grande, entera, espabilada que soy, y yo agradecida le he contestado que Dios me puso en una silla para que no hiciera, ni diera más de mí.

La visión general de una persona en mis circunstancias no tiene mucho que ver con lo que yo creo ser y quiero hacer. Tanto es así, que he llegado a cuestionarme si este romper moldes no altera ese equilibrio construido años y años antropológicamente, de verdad me lo cuestiono de tanto en tanto.

Por ejemplo, una amiga vecina ha empezado a participar en Excursiones-Besós, una empresa que organiza salidas de un dia, en autocar te llevan y te traen. Una salida era a Andorra. Sé que un autocar con rampa es mas caro y conlleva una responsabilidad extra. De todas formas pregunte si cabía la posibilidad de conseguir un autocar con rampa. Les costó, dos veces pregunté, en diferentes tiempos, pero acabaron disculpándose y diciéndome que no. Ya lo sabia, no por querer ser mala gente, lo sabía, me entristeció, y lo acepte. Hasta que se lo conté a mi madre. Sí, yo señora de 50 años aún buscando sabiduría en su madre, y la hallé. Me contestó: es así, pero no debiera ser. Lo dijo con tanta firmeza, tan segura de su idea u opinión, que volviendo a lo de romper moldes, nooo, no señoras y señores, no rompemos moldes, ni desequilibramos el mundo construido hasta ahora, o sí, quizás lo haga porque hay que hacerlo.

Lo he contado muchas veces, me gusta la casa, me gustan mis bichos, me gusto yo, me gusta mi rollo, y pongo alma en todo lo que hago, en todo lo que cuido, me gusta y sirvo para hacerlo, estar pendiente de lo mío. Sí, de lo mío, porque de lo ajeno, salvo que me pidan ayuda con claras instrucciones, de verdad que no me entero. Y lo hago con amor infinito, desde la máxima humildad, ni mejor, ni peor, simplemente yo, y muy satisfecha.

La satisfacción es el secreto, el estar bien, agradecida, contenta, aun con lo que cargamos. Yo ahora cargo un dolor tonto del pie izquierdo, pero no me quita el sueño, mientras me lo miran y se dictamine la cura, tiro con él, lo escucho, lo paseo, le canto, le respiro, y de vez en cuando lo drogo para que se duerma. Satisfecha, pero viva.


Atardecer en la Vila Olímpica